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LA
FUNCION EJECUTIVA Y SUS TRASTORNOS
DAVID A
PINEDA
Neurólogo. Servicio de Neurología Clínica, Facultad de
Medicina de la Universidad de Antioquía, Medellín,
Colombia.
Definición
La función ejecutiva es un conjunto de habilidades
cognoscitivas que permiten la anticipación y el
establecimiento de metas, el diseño de planes y programas,
el inicio de las actividades y de las operaciones mentales,
la autorregulación y la monitorización de las tareas, la
selección precisa de los comportamientos y las conductas,
la flexibilidad en el trabajo cognoscitivo y su
organización en el tiempo y en el espacio (Harris, 1995;
Pineda, 1996; Pineda, Cadavid, & Mancheno, 1996a; Pineda
Ardila, Rosselli, Cadavid, Mancheno & Mejía, en prensa;
Reader, Harris, Schuerholtz, & Denckla, 1994; Stuss &
Benson, 1986; Weyandt & Willis, 1994).
Por tratarse de una función compleja, el trabajo de cada
una de sus operaciones dependerá de factores múltiples,
tales como la naturaleza de la tarea cognoscitiva, el
entrenamiento académico, la ocupación, las destrezas
automatizadas, las demandas de otras tareas simultáneas o
secuenciales y la guía cognoscitiva principal de la tarea
(Fletcher, 1996; Pineda, 1996).
El análisis de cada componente de la función ejecutiva y
su peso factorial es bastante difícil y en algunos casos
confuso, pues cuando se evalúa la función ejecutiva se
hace conjuntamente con otras funciones, y no es posible
hacerlo de otra manera (Denckla, 1996). En otras palabras,
la función ejecutiva sería una serie de factores
organizadores y ordenadores subyacentes a todas las demás
actividades cognoscitivas.
Neuroanatomía
Se presume que la función ejecutiva es una actividad
propia de los lóbulos frontales, más específicamente de
sus regiones más anteriores, las áreas prefrontales, y sus
conexiones recíprocas con otras zonas del córtex cerebral
y otras estructuras subcorticales, tales como los núcleos
de la base, el núcleo amigadalino, el diencéfalo y el
cerebelo.
A
este substrato neuroanatómico y neurocomportamental se le
ha denominado de manera genérica como frontal, prefrontal
o áreas cerebrales anteriores, de allí que estas
referencias se toman como sinónimos en la literatura
neuropsicológica (Harris, 1995; Kelly & Best, 1989;
Reader, Harris, Schuerholtz, & Denckla, 1994; Schaughency
& Hynd, 1989; Stuss & Benson, 1986).
Los lóbulos frontales representan un sistema neurológico
muy complejo (Luria, 1966, Welsh & Pennintong, 1988). La
complejidad de los lóbulos frontales es evidente en los
diversos sistemas de conexiones recíprocas con el sistema
límbico ( sistema motivacional), con el sistema reticular
activador (sistema de atención sostenida), con las áreas
de asociación posterior ( sistema organizativo de los
reconocimientos), y con las zonas de asociación y las
estructuras subcorticales (núcleos de la base) dentro de
los mismos lóbulos frontales (sistema de control sobre las
repuestas comportamentales) (Barbas & Mesulam, 1981;
Bustamante, 1994; Johnson, Rosvold & Mishkin, 1988; Reep,
1984) .
Estas interconexiones, especialmente las proyecciones con
el núcleo dorsomediano del tálamo, definen la particular
organización histológica de la corteza isocortical
prefrontal (Bustamante, 1994; Reep, 1984). En los humanos
estas zonas alcanzan un tercio de toda la superficie del
neocórtex, y se cree que integran los comportamientos
intencionados, los cuales requerirían una planeación y
organización secuencial de acciones ( Fuster, 1980, 1989;
Ingvar, 1985; Luria, 1966, Norman & Shalllice; Stuss &
Benson, 1984). Dada la complejidad de estas actividades,
es lógico considerar a las áreas prefrontales como un
conjunto de sistemas anatómicos complejos, definidos por
su histología, el tipo y el número de conexiones con otras
estructuras cerebrales y las características neuroquímicas
de estas conexiones (Stuss & Benson, 1986).
La corteza prefrontal ha sido definida estructuralmente de
acuerdo con las proyecciones talámicas, ya que estas
conexiones tienen la particularidad filogenética de
aparecer bien definidas en los primates y en el hombre.
Las dos más grandes proyecciones aferentes al córtex
prefrontal provienen de los núcleos talámicos dorsomediano
y ventral anterior por un lado, y del núcleo ventral
lateral por el otro. Estas proyecciones definen la
composición histológica de lo que se conoce como corteza
frontal granular, por estar constituida predominantemente
por células (neuronas granulares) de la capa II y IV del
neocórtex. Las proyecciones de la porción medial del
núcleo dorsomediano (magnocelular) se dirigen a la porción
medial y orbital de la corteza prefrontal (áreas 11, 12,
13 y 14 de Brodman). La porción lateral del núcleo (parvocelular)
se proyecta a las áreas prefrontales laterales y dorsales
(áreas 9 y 10 de Brodman). Las proyecciones de la zona
paralaminar del núcleo dorsomediano se dirigen al área 8
de Brodman, también denominada como campo ocular frontal.
El núcleo ventral lateral tiene proyecciones recíprocas
con las áreas 6 de Brodman o zona premotora, y con el área
6 A-Beta de Voght o área motora suplementaria (AMS). Hay
también conexiones menos abundantes que se establecen con
los núcleos reticulares y con los núcleos intralaminares (Bustamante,
1994; Reep, 1984; Stuss & Benson, 1986). Estas
proyecciones y las conexiones con otras estructuras
corticales y subcorticales del encéfalo (sistema límbico,
cerebelo, formación reticular, núcleos de la base, etc.)
van a determinar la función de cada sistema prefrontal
específico, que va desde la estructuración de patrones
motores automatizados, hasta la programación de
comportamientos complejos y anticipados a eventos de
probable ocurrencia (Luria, 1966; Pineda & Sánchez, 1992;
Pineda, Giraldo & Castillo, 1995; Stuss & Benson, 1986).
Desarrollo de la Función Ejecutiva
El período de más grande desarrollo de la función
ejecutiva ocurre entre los seis y los ocho años. En este
lapso los niños adquieren la capacidad de autorregular sus
comportamientos y conductas, pueden fijarse metas y
anticiparse a los eventos, sin depender de las
instrucciones externas, aunque cierto grado de descontrol
e impulsividad aún está presente. Esta capacidad
cognoscitiva está claramente ligada al desarrollo de la
función reguladora del lenguaje (lenguaje interior) y a la
aparición del nivel de las operaciones lógicas formales y
a la maduración de las zonas prefrontales del cerebro, lo
cual ocurre tardíamente en el proceso de desarrollo
infantil. Los procesos madurativos comprenden una
multiplicidad de elementos tales como la mielinización, el
crecimiento dendrítico, el crecimiento celular, el
establecimiento de nuevas rutas sinápticas y la activación
de sistemas neuroquímicos (Golden, 1981; Luria, 1966,
1984; Vygotzky, 1934; Passler et al, 1985).
Por lo general, los niños de 12 años ya tienen una
organización cognoscitiva muy cercana a la que se observa
en los adultos; sin embargo, el desarrollo completo de la
función se consigue alrededor de los 16 años (Chelune &
Baer, 1986; Chelune, Fergunson, Koon & Dickey, 1986; Levin
et al, 1991; Obruzt & Hynd. 1986; Passler et al, 1985,
Welsh, Pennington & Groisser, 1991).
Entonces, las preguntas referidas a la aparición de la
función ejecutiva y su relación con la maduración de los
lóbulos frontales tienen respuestas múltiples, que
dependen de la naturaleza de la operación cognoscitiva que
se quiera conocer. Al igual que sucede con el lenguaje, en
donde los diversos niveles tienen períodos de aparición de
tipo escalado, etapa por etapa, los diferentes actividades
de la función ejecutiva tienen diversas edades de
aparición y consolidación (Passler et al, 1985).
Evaluación de la Función Ejecutiva
La función ejecutiva puede ser evaluada desde tres
perspectivas diferentes y con diferentes objetivos, aunque
ninguna de ellas excluye a la otra (Harris, 1995; Welsh &
Pennington, 1988; Welsh, et al 1991):
-
Evaluación clínica cualitativa.
-
Evaluación clínica o investigativa cuantitativa.
-
Evaluación experimental.
Evaluación clínica cualitativa
La evaluación clínica cualitativa se realiza mediante
observación directa del paciente, y busca definir los
comportamientos y conductas que indiquen la presencia de
los síntomas de los diversos tipos síndromes prefrontales.
Los síntomas que han sido relacionados con los síndromes
prefrontales son: a) dificultades en la atención sostenida,
b) alteraciones en la autorregulación, c) problemas en la
organización cognoscitiva y del comportamiento, y d)
rigidez cognoscitiva y comportamental. La evaluación de
estos síntomas se realiza durante todo el proceso de
consulta neuropsiquíatrica o neurocomportamental, no
utiliza ningún instrumento específico diferente a los
utilizados para el interrogatorio y la evaluación general.
Este tipo de evaluación demanda una gran experiencia
clínica y una familiaridad y conocimiento de los
fundamentos teóricos relacionados con la estructura de las
funciones ejecutivas y las características clínicas de las
diversas formas de presentación del síndrome prefrontal.
La aproximación clínica es dicotómica y debe determinar si
un comportamiento o una conducta específica corresponde a
un síntoma o a un estilo cognoscitivo particular.
Los síntomas a observar son:
-
Impulsividad: se produce por deficiencia en la
inhibición. Cualquier sujeto debe ser capaz de responder
con una inhibición frente al autorregulador verbal <<no
hacer>>. En la impulsividad patológica el sujeto es
incapaz de posponer una respuesta, aunque tenga una
instrucción verbal específica para no responder. En los
casos extremos se observa el llamado "magnetismo" o
"imantación", es decir la necesidad incontrolable de
tocar y manipular todos los objetos del ambiente.
-
Inatención: Se genera por falta de desarrollo de un
adecuado control mental y monitoreo sobre la naturaleza
de los comportamientos y sus consecuencias. El sujeto se
muestra inestable, distraído e incapaz de terminar una
tarea sin control ambiental externo.
-
Dependencia ambiental: va ligado a los dos anteriores e
indica una falta de planeación, programación y
autorregulación comportamental. Un síntoma a observar es
la presencia de ecopraxia, es decir la imitación inerte
de las actividades de los demás.
-
Perseverancia patológica y la inercia comportamental:
indica una falta de flexibilidad en la autorregulación
de los comportamientos y las conductas. A diferencia de
las operaciones cognoscitivas de la función ejecutiva,
no existe una relación entre la rigidez cognoscitiva y
el nivel de inteligencia, tampoco se observa una
relación con las habilidades académicas. Por esta razón
se considera la flexibilidad cognoscitiva como la
operación más pura de la función ejecutiva. En la tabla
1 se resumen las diferentes clasificaciones de la
perseverancia patológica. En la inercia comportamental
los sujetos son incapaces de detener una acción una vez
que esta se ha iniciado, aún cuando reciban la orden
explícita de parar, actúan como si no tuviesen freno
comportamental, el cual es regulado en el sujeto normal
por el lenguaje y el contexto social .
-
La alteración metacognoscitiva: Es la incapacidad para
reconocer la naturaleza, los alcances y consecuencias de
una actividad cognoscitiva, manifestada a través de los
comportamientos y de las conductas. El sujeto es incapaz
de evaluar conceptual y objetivamente las cosas que hace
o dice. Esta alteración tiene que ver con trastornos en
lo que en la psicología comportamental se denomina el
<<locus de control>>. No hay capacidad metacognoscitiva
para sopesar una situación o un evento y atribuir de
manera justa las causas del éxito o el fracaso de la
acción a los elementos externos o a las decisiones y
acciones propias. Este sistema atributivo
metacognoscitivo, que inicia su aparición alrededor de
los 6 años, debe estar totalmente desarrollado en la
adolescencia y debe afinarse y sincronizarse
culturalmente para garantizar una adecuada modulación
conductual. Un sujeto con una adecuada función
metacognoscitiva tendrá un adecuado autoconcepto y
evaluará los eventos que suceden a su alrededor sin
comprometer su <<Sí mismo>> más allá de los factores que
su comportamiento podía controlar, tampoco atribuirá a
elementos externos la causalidad de los comportamientos
que estaban bajo su control. (Ardila & Rosselli, 1991;Harris,
1995; Luria, 1966; Passler et al, 1985; Stuss & Benson,
1984, 1986; Welsh & Pennington, 1988; Welsh et al,
1991).
Tabla 1
Clasificación de la Perseverancia Patológica
A. Clasificación de Luria (1966):
-
Perseverancia compulsiva o repetitiva: Es la tendencia a
repetir una tarea anteriormente realizada en el contexto
de una nueva tarea.
-
Perseverancia inerte o inercia comportamental: es la
incapacidad para detener o cambiar una tarea a pesar de
tener la orden de hacerlo.
B. Clasificación de Sandson & Albert (1987), modificada
por (Vilkki (1989):
-
Perseverancia Persistente: tendencia a repetir la
ejecución anterior.
-
Perseverancia con bloqueo en la tarea o recurrente:
dificultad para pasar de una tarea a otra, aparecen
elementos de una tarea previa en el contexto de otra.
-
Perseverancia continua (inercia): incapacidad para
detener una serie, se observa mejor cuando se pide hacer
una serie limitada de números o de letras. El paciente
no es capaz de detenerse.
Evaluación cuantitativa
Utiliza pruebas neuropsicológicas estandarizadas para una
aproximación clínica más objetiva y especialmente para
investigaciones que puedan ser replicables. Tiene la
ventaja de que los resultados pueden ser revisados y
analizados por otros observadores, pueden también ser
contrastados en cualquier momento con los resultados de
otras pruebas para establecer su confiabilidad. La
experiencia clínica requerida para establecer los
diagnósticos es menor que la que se necesita en la
evaluación cualitativa. Tiene la desventaja de requerir
más tiempo para la aplicación de las pruebas, su
calificación y su análisis clínico, lo cual la hace más
costosa (Harris, 1995; Pineda, 1991).
La evaluación cuantitativa requiere tres niveles de
análisis de los resultados:
-
Nivel psicométrico: intenta establecer un puntaje de
destrezas. En este nivel se debe definir si determinada
ejecución corresponde o no a un nivel normal para la
edad. Este análisis es extremadamente importante en la
neuropsicología y en la neurología del comportamiento.
Por lo general los puntajes directos obtenidos en las
pruebas se convierten en puntuaciones estandarizadas
para construir perfiles poblacionales de normalidad. Con
esto se pretende determinar si un sujeto o un grupo de
investigación están dentro de los rangos de ejecución
normal.
-
Análisis de los Factores Cognoscitivos: Corresponde a la
primera etapa clínica de aproximación a los resultados.
Se trata de definir cuáles son las operaciones
cognoscitivas necesarias para realizar una tarea
específica y cuál o cuáles son las responsables del
puntaje obtenido. Por ejemplo, para copiar el test de
Bender el niño requiere, además de la atención sostenida
básica, de su capacidad de reconocimiento visual, de sus
habilidades para orientar objetos en el espacio, de su
coordinación visomotriz, y de sus habilidades motoras
finas.
-
Análisis Neuropsicológico del Factor Subyacente a los
Errores: es la etapa clínica más avanzada, y requiere de
la cualificación y tipícación de los errores,
independiente de las destrezas y habilidades. Aquí deben
lanzarse hipótesis y establecer constructos explicativos
para los signos (errores) observados, es decir, definir
los llamados síndromes neuropsicológicos (Ardila,
Rosselli, & Puente, 1994; Ardila, Lopera, Pineda, &
Rosselli, 1995; Ardila, 1995; Denckla, 1989; 1996).
Existen varias pruebas que se han utilizado para la
evaluación de diversos componentes de la función ejecutiva,
los más estudiados son la prueba de Clasificación de
tarjetas de Wisconsin (Wisconsin Card Sorting Test), el
test de fluidez verbal, la prueba de fluidez de diseños,
la organización del aprendizaje; la torre de Hanoi o de
Londres, el test de conflicto palabra/color o Prueba de
Stroop, y la prueba de apertura de caminos (Trail Making
Test) (Ardila & Rosselli, 1991; Denckla, 1996; Grodzinski
& Diamond Harris, 1995; Passler et al, 1985; Pineda, 1996;
Pineda, Cadavid, & Mancheno, 1996a; Spreen & Strauss,
1991).
El test de clasificación de tarjetas de Wisconsin (WCST)
(Heaton, 1981): es el test más utilizado y más conocido
para evaluar la función ejecutiva (Ardila & Rosselli,
1992; Denckla, 1996; Grodzinski & Diamond; Harris; 1995;
Pineda, 1995; Pineda, Cadavid, & Mancheno; Rosselli &
Ardila, 1993; Stuss & Benson, 1986) . Se ha sugerido que
el WCST es sensible a los daños o a las alteraciones
funcionales de la región frontal dorsolateral.
El test de fluidez verbal: fonológico - /f /, /a/, /s/ - ,
y semántico - animales y frutas -: Se mide mediante el
número de palabras producidas dentro de cada categoría en
un minuto, y es considerado una prueba de producción
verbal controlada y programada, que es sensible a las
alteraciones en el funcionamiento de las áreas
prefrontales izquierdas (Ardila, Rosselli, & Puente, 1994;
Benton & Hamsher, 1978, Lesak, 1983). Esta prueba tiene
puntajes normatizados para niños latinoamericanos (Ardila
& Rosselli, 1994; Pineda, Ardila, Rosselli, Cadavid,
Mancheno, & Mejía, en prensa).
Prueba de fluidez de diseños: es una prueba de fluidez y
programación visomotriz, durante la cual se solicita
dibujar el mayor número de figuras o formas con o sin
sentido durante 3 minutos, en su parte de trabajo libre.
En la segunda parte se le establecen restricciones dándole
sólo de 4 líneas fijas y permitiendo sólo el diseño de
figuras desconocidas o sin sentido en tres minutos. Se
puntúan el número de figuras logradas correctamente, el
número de errores y el número de perseveraciones (figuras
repetidas). No se he encontrado correlación entre esta
prueba y el test de fluidez verbal, por lo que se postula
evaluaría la actividad prefrontal derecha ( Levin et al
1991; Ruff, Light & Evans, 1987).
La organización del aprendizaje: se fundamenta en que una
de las funciones de los lóbulos frontales es establecer
estrategias de asociación adecuadas para retener la
información. Se sabe que los trastornos en la memoria de
los pacientes con lesiones frontales son debidos a esta
alteración, la cual se explica por desconexión de las
zonas frontobasales del sistema límbico (Luria, 1966;
Milner, Petrides & Smith, 1985; Passler et al, 1985;
Pineda, 1996).
La torre de Hanoi o la torre de Londres. Es una prueba de
organización y programación visoespacial de una secuencia
de movimientos y de memoria operativa. Tiene una versión
con 3 anillos y una de 5 anillos de diferentes colores y
diferentes tamaños. Para los pacientes con lesiones del
lóbulo frontal esta prueba se convierte en casi una tarea
imposible (Dalmás, 1993; Harris, 1995; Welsh, Pennington &
Groisser, 1991) .
La prueba de conflicto palabra/color o test de Stroop: Es
una prueba que discrimina bien entre personas con daño
frontal y normales (Golden, 1981; Harris, 1995). Lo que se
busca es inhibir la tendencia automática y responder de
manera controlada mediante la solución de estímulos en
conflicto (Grodzinski & Diamond, 1992; Spreen & Strauss,
1991). Esta prueba tiene la limitación en los niños y en
los analfabetas porque requiere cierto nivel de lectura
automatizada.
La prueba de apertura de caminos (TMT A y B). Es una
prueba que sirve también para mirar la utorregulación, el
control de la atención sostenida, y la capacidad de
cambiar flexiblemente de una ejecución a otra (Grodzinski
& Diamond, 1992; Spreen & Strauss, 1991).
Evaluación experimental
Es utilizada para la investigación de casos o grupos de
casos seleccionados de manera estricta. Se controlan y
manipulan todas las variables criterios y los demás
factores, para evitar su influencia sobre las variables
observadas. El experimento está destinado a medir de
manera precisa una sola operación cognoscitiva. En el
estudio de la función ejecutiva se han diseñado
experimentos para medir la capacidad de control
comportamental y conductual (hacer, o no hacer) (Golden,
1981; Luria, 1966); Para observar la impulsividad y la
perseverancia (Passler et al, 1985); para analizar la
relación entre la función ejecutiva y los paradigmas
cognoscitivos genéticos (Welsh, & Pennington, 1988). La
limitación de estos estudios está dada por la rigurosidad
del método experimental, que demanda de un control total
sobre las variables, lo cual puede resultar dispendioso y
costoso.
TRASTORNOS NEUROLOGICOS Y PSIQUIATRICOS ASOCIADOS CON
ALTERACIONES DE LA FUNCION EJECUTIVA
Hay un gran número de enfermedades y desórdenes
neurológicos y neuropsiquíatricos del desarrollo en los
que se ha encontrado una alteración en alguno o varios
componentes de la función ejecutiva. Estos trastornos
tienen como síntomas y signos comunes a aquellos
observados en pacientes con lesiones de los lóbulos
frontales, como son la impulsividad, la inatención, la
perseverancia, la falta de autorregulación comportamental,
la dependencia ambiental y la deficiencia metacognoscitiva
(Benson , 1981; Harris, 1995; Grodzinski & Diamond, 1992;
Pineda, 1996; Stuss & Benson, 1984, 1986). Los desórdenes
más estudiados se enumeran en la tabla 2.
Tabla 2
Trastornos del Desarrollo con Disfunción Ejecutiva
-
Deficiencia atencional con y sin hiperactividad
-
Síndrome de Gilles de LaTourette
-
Síndrome de Asperger
-
Trastorno autista
-
Síndrome desintegrativo infantil
-
Depresión infantil
-
Trastorno obsesivo compulsivo infantil
-
Trastornos de la conducta
-
Trastorno explosivo intermitente
Trastornos en el adulto que producen disfunción ejecutiva
-
Farmacodependencia y abuso de substancias.
-
Psicopatía y trastorno violento de la conducta.
-
Esquizofrenia
-
Depresión mayor.
-
Trastorno obsesivo compulsivo.
-
Daño cerebral focal por trauma de cráneo.
-
Enfermedad de Parkinson.
-
Esclerosis Múltiple.
-
CADASIL.
-
Enfermedad Vascular Lacunar.
-
HIV.
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