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Participación
de Evelyn Green en AMA
Imagina
que eres el padre (madre) de un niño con DEFICIT DE
ATENCION:
A
tu niño a los cuatro años. Ya lo han expulsado de tres
guarderías, y la maestra del Jardín Niños lo ha mandado
a clases “especiales” porque “no encaja” con los otros
niños. En el último año, has ido 5 veces a la sala
de Urgencias del hospital, tanto que el personal comenta
que tantos accidentes es demasiado sospechoso. Tu familia
te ha pedido que no lo lleves a eventos familiares y
otros niños y sus familias se van del parque cuando
tu hijo llega.
Los
maestros no tienen respuestas. Lo califican solamente
como un niño difícil. Tu familia te dice que eres “demasiado
blando (a)” con él, y el pediatra cuestiona si todo
no será solamente producto de tu imaginación, porque
cuando están en el consultorio se comparta de lo mas
normal.
Escribo
este artículo porque creo que AD/HD es el mas común
de todos los desajustes mentales en la infancia, y es
generalmente ignorado, negado o malentendido, frecuentemente
con resultados trágicos. A pesar de los avances científicos
en el diagnóstico y tratamiento de estos desajustes,
por temor, prejuicios y malos entendidos, hay muchas
mas familias y niños sufriendo que aquellos recibiendo
atención y esperanza. Se culpa a los padres inmediatamente
por cualquier problema en el comportamiento de sus hijos,
sin siquiera contemplar la posibilidad de que exista
una condición cerebral. Hasta este término se utiliza
con miedo a los prejuicios. Espero que podamos empezar
a cambiar esa actitud.
Esta
es mi historia:
Como
todos los padres primerizos, desde el momento en que
trajimos a casa nuestro hijo, sabíamos que era especial.
Pero no teníamos idea de cuán especial. A diferencia
de otros bebes con Déficit de Atención, el nuestro desde
muy pronto durmió toda la noche, era un bebé alerta,
feliz y pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor.
Rara vez lloraba, a menos que no pudiera observar el
entorno libremente. Conforme creció, las cosas cambiaron.
Gracias a mi experiencia como Educador de infantes,
rápidamente me dí cuenta de que algo no estaba bien.
El no interactuaba con otros niños de su edad, era extremadamente
terco, y el desarrollo de su lenguaje no era normal.
Imagínate escuchar Pontiac en lugar de mamá o papá!.
Sus rabietas eran largas e incontrolables, y al mismo
tiempo, podía ser el niño mas dulce del mundo. Ninguna
técnica típica de educación funcionaba. Tuvimos que
sufrir con la idea de ser “malos padres”, especialmente
cuando nuestros bien intencionados amigos o parientes
nos acusaban.
Cuando
nos dimos cuenta de que no podíamos manejar esta problemática
solos, buscamos todo tipo de ayuda, desde familiares,
pediatra, trabajadora social, educadores hasta psicólogos.
Escuchamos todo tipo de diagnósticos, desde un simplemente
“es muy terco”, hasta “tienen que modificar su estilo
de educarlo”. Sabíamos que no eran correctos.
Finalmente
una de sus profesoras sugirió que se le evaluara para
Déficit de Atención. Fueron mas de 5 años de lucha,
dudas y preocupaciones hasta que se realizó el diagnóstico
correcto (Déficit de Atención / Hiperactividad) a la
edad de 7 años. No se imaginan el descanso de tener
un nombre para el comportamiento de nuestro hijo, el
poder tener un plan para ayudarlo y sobre todo, el saber
que no eramos culpables!.
Tuvimos
suerte de que el Seguro de mi esposo cubría el costo
de todos los servicios de salud mental. Nos dieron opciones
de tratamientos, los cuales incluían modificación de
comportamiento, habilidades sociales, y entrenamiento
para padres. También nos dieron una cita para la clínica
médica, en donde se determinaría si nuestro hijo era
sujeto de medicación.
Teníamos
grandes dudas acerca de medicarlo. Era lo correcto?
Estábamos siendo “malos padres” por no poder controlarlo?
Y los efectos secundarios? Y a largo plazo? Se convertiría
en un Zombie que perdería toda su creatividad y su espontaneidad?
No muy convencidos, empezamos a medicarlo, en el entendido
de suspender al primer síntoma de efectos adversos,
o si no veíamos resultados inmediatos.
Creencias
populares equivocadas sobre opciones de tratamiento
–incluyendo medicamentos- para tratar desajustes mentales
infantiles, privan a muchísimos niños de recibir la
ayuda que tan desesperadamente necesitan.
Encontrar
la medicina y la dosis adecuada, establecer un programa
de modificación de conducta, y el proveer de habilidades
de socialización y otro entrenamiento mediante el trabajo
conjunto con un Psicólogo, fueron un buen comienzo para
mi hijo. La verdad es que el área mas difícil de manejar
y/o planear, es el entorno escolar.
Lo
habíamos librado medianamente bien hasta que alcanzó
el 5º de primaria, donde la profesora no tenía ni
la paciencia ni la tolerancia para tratar con un chico
“diferente”. A mediados del año escolar, nuestro hijo
pasó de ser relativamente feliz y comprometido, a deprimido,
antisocial y monstruo miserable. Dejó de creer en él
y en nuestra habilidad para protegerlo. Constantemente
se metía en problemas tanto en casa como en la escuela.
Su autoestima se desvaneció. Finalmente, a los 11 años,
mi maravilloso hijo decidió que ya había tenido suficiente
y amenazó con suicidarse. Afortunadamente amenazó antes
de hacerlo y nos permitió interceder.
Lo
que viven los niños en el salón de clase, tiene un impacto
enorme e su habilidad para lidiar con sus desajustes
mentales. Para muchos padres, el primer síntoma de
problemas aparece una vez que el niño comienza la escuela.
Sabemos que la mayoría de estos niños padecen de condiciones
múltiples, tales como problemas de aprendizaje, depresión
y desorden bipolar, lo que complica tanto el tratamiento
como la educación.
Es
muy importante que eliminemos la distancia que existe
entre los profesionales de la salud y los maestros,
presentando tratamientos basados en evidencia que ayuden
a los profesores a entender cómo identificar y cómo
trabajar con estos niños para maximizar su experiencia
educacional sin empeorar sus desajustes. Para la mayoría
de los niños, las vivencias dentro del salón de clases
debe convertirse en parte del tratamiento. Para lograrlo,
no basta solo con proporcionarles información, sino
apoyo sustancial que permita continuar los planes de
educativos y evitar que se suspenda la medicación durante
el período escolar.
Independientemente
de haber podido encontrar las herramientas médicas,
psicológicas, conductuales y educacionales para nuestro
hijo, nuestra familia todavía lucha con esta condición
y sus múltiples ramificaciones. Aunque todavía no hay
respuestas concretas, sabemos que la genética juega
un rol preponderante en este tipo de enfermedades, y
cuando los problemas de los padres se juntan a los de
los niños, los efectos pueden ser devastadores. Mi
esposo padece desde la infancia de una condición similar,
la cual se ha empeorado con el problema de nuestro hijo.
El se automedicó con drogas y alcohol hasta el punto
de casi cometer suicidio. A pesar de las ventajas del
conocimiento a través de nuestro hijo, no se sintió
libre de solicitar la ayuda particular para su caso,
se quedó ausente, lo cual resentimos diariamente tanto
física como emocional y financieramente, todo esto en
detrimento de nuestra familia. Afortunadamente, el
se ha reintegrado consiguiendo el tratamiento apropiado.
La
ciencia nos ha dado respuestas sobre cómo mejorar la
salud mental de niños y adolescentes a través de diagnóstico
sistemático y tratamiento eficaz. El reto es poner esta
información a disponibilidad de las familias y profesionales
que la necesitan. También para el público en general
con objeto de destruir los prejuicios asociados a la
condición de DÉFICIT DE ATENCIÓN, los cuales obstaculizan
el que los niños que la necesitan, la obtengan.
Creo
firmemente que esto solo ocurrirá mediante el esfuerzo
conjunto de organizaciones bien estructuradas, agencias
no gubernamentales, investigadores, proveedores de servicios,
educadores y grupos voluntarios que trabajen juntos
para apoyar a las familias, educar al público y participar
con los medios de comunicación.
EVELYN
GREEN M.S. ED.
Consultora
Y Educadora de infancia temprana.
Presidente Nacional del Capítulo Chicago de Niños y
Adultos con Déficit de Atención e Hiperactividad (CHADD)
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