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Genio
y Figura / ¿Déficit de atención?
Por
Gaby Vargas
El Norte
Jorge
de 9 años, tiene más energía que cualquier niño de su
edad, siempre la ha tenido.
Desde los 3 años, es un pequeño tornado, pasa de una
actividad a otra y deja un reguero de juguetes a su
paso. Durante las comidas, tira todo y no para de hablar.
Es
impulsivo y atrevido, cruza la calle a toda carrera,
sin hacerle caso a su mamá. Permanecer sentado en la
clase, es imposible. Sus papás no saben qué hacer; sus
abuelos los confortan: "Los niños son niños.
No
te preocupes, ya se le pasará". No es así. Laura, a
los 17, lucha por centrar su atención en las cosas.
Siempre ha sido difícil para ella. Todavía recuerda,
con pena, el día en el que su papá la llevó al restaurante
a celebrar su cumpleaños 10.
Estaba
tan distraída con lo llamativo de las sombras de ojos
de la mesera, que su papá tuvo que hablarle tres veces
para que ordenara. De repente, Laura explota y grita:
¡Tus ojos son horribles! En la escuela, Laura se porta
bien, pero siempre parece que sueña despierta.
Es
inteligente, sin embargo, nunca puede subir sus calificaciones
aunque se esfuerce. Varias veces, ha reprobado los exámenes.
Aunque sepa las respuestas no puede concentrarse en
la prueba.
Se
la vive de castigo en castigo. "Eres una floja", es
la frase que ha escuchado con más frecuencia. Un día,
después de volver a reprobar, su maestra la encuentra
llorando: "¿Por qué me va mal siempre?". A Enrique,
le encanta entretenerse en su taller de carpintería.
Tiene acumuladas decenas de proyectos sin terminar e
ideas para nuevos diseños. Sabe que nunca los hará.
Todos
los días, Enrique se enfrenta a la frustración de no
poder concentrarse el tiempo suficiente para completar
una tarea. Le cuesta trabajo mantener un empleo. Nota
esta misma falta de atención en su hijo y le preocupa.
Tanto
Jorge como Laura y Enrique padecen una forma de Trastorno
de Déficit de Atención e Hiperactividad, también conocido
como TDAH. Lo que es increíble es que a pesar de que
el 5 por ciento de los niños en la edad escolar padecen
TDAH, no le prestamos suficiente atención al problema.
Estos niños viven castigados y frustrados.
Son
rechazados y expulsados de las escuelas, incluso se
les niegan los servicios educativos. Por la baja autoestima
que resulta de tener problemas constantemente, estos
niños, en la adolescencia, son vulnerables a la drogadicción
y a otros problemas severos.
El TDAH no es como un brazo roto o una inflamación en
la garganta. Es una discapacidad invisible de la que
sería bueno que estuviéramos informados, para poder
identificarla y darles tratamiento a los niños que la
sufren antes de que su vida se convierta en un severo
problema de adaptación social.
¿Cuáles
son los síntomas del TDAH?
El
TDAH no tiene señales claras ni se puede ver en una
radiografía. Sólo podemos detectarla identificando conductas
como la de Jorge, Laura y Enrique.
Los
científicos no han podido descubrir su origen, aunque
es muy probable que sea un problema a nivel de los neurotransmisores,
en el cerebro.
Las
conductas más comunes son falta de atención, hiperactividad
e impulsividad. No todos los niños que son hiperactivos,
despistados o impulsivos tienen TDAH. No es el resultado
de un problema familiar, ni de consumir mucha azúcar,
de malos maestros o mucha televisión.
Todos, alguna vez, hemos dicho cosas inapropiadas, saltamos
de una tarea a otra o nos hemos olvidado de las cosas.
Para poder determinar este padecimiento hay que considerar
lo siguiente: ¿La conducta es excesiva y permanente?,
¿las reacciones suceden en varios escenarios o sólo
en lugares específicos como la escuela o el trabajo?
Las señales de falta de atención: Se distraen fácilmente
con sonidos o cosas irrelevantes.
Presentan dificultad para poner atención a los detalles
y son torpes en los deberes de la escuela, trabajo y
otras actividades. Parece que no escuchan cuando se
les habla, rara vez siguen una instrucción completa,
son muy olvidadizos y les disgusta participar en tareas
que requieren esfuerzo mental sostenido.
Las
señales de hiperactividad:
Juguetean
con las manos o los pies o no se quedan quietos.
Se levantan de su asiento cuando deben estar sentados.
Se mueven excesivamente y pronto se inquietan.
Pueden ser necios, tener carácter explosivo, ser belicosos
o desafiantes.
Hablan sin parar y responden impulsivamente.
Las
señales de impulsividad:
A
los niños con este síntoma les cuesta trabajo controlar
sus reacciones inmediatas por lo que actúan antes de
pensar.
Suelen hacer comentarios inapropiados y no es raro que
se muestren reacios a participar en juegos que requieran
de reglas estrictas.
Ahora que inicia un nuevo año escolar, es importante
que, tanto los papás como los maestros, estemos atentos
para poder detectar si algún niño padece este problema.
Está en nuestras manos darles las herramientas necesarias
para salir adelante.
Esto puede marcar la diferencia en su vida, ¿no cree?
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