|

Alumnos problemáticos
Ramón Cordero G.
Adriana Pérez de Legaspi
Hay años escolares en los que pareciera que la vida intenta ponernos a prueba.
No importa si han sido cinco, diez o veinte años los
dedicados a la docencia, de repente sucede que encontramos
al alumno o alumna que se convierte en la horma de nuestro
zapato. Todos los que hemos tenido a nuestro cargo grupos
de estudiantes sabemos que —de manera normal y consistente—
tendremos que enfrentar, más que alumnos típicos, roles
que de una y otra manera surgen en cualquier grupo.
......Más allá del nombre o número de
lista, sabremos que habrá quien se encargue de las bromas
durante las sesiones de clase. Existirán uno o más estudiantes
que intentarán ponernos a prueba en los más diversos
aspectos. Otros tomarán a su cargo ser la conciencia
del grupo, e intentarán ser nuestro más cercano —y a
veces incómodo— colaborador. No faltará aquel que supone
—aunque no se percate de ello— que su destino, al menos
por ese año, es el de funcionar como el encargado de
sabotear cualquier actividad propuesta por el maestro
o la maestra.
......A veces es la experiencia, a veces
la intuición; o, en última instancia, un colmillo bien
retorcido el que nos permite saber cómo tratar y ubicar
a cada uno de esos jóvenes o grupillos que se forman
de manera natural alrededor de ellos. Sin embargo, por
fortuna muy de vez en cuando, surge algún o alguna estudiante
que puede más, que rebasa el límite que estamos acostumbrados
a manejar.
......Escolares que hacen tambalear nuestra
hasta entonces firme vocación magisterial. Auténticos
galimatías que no logramos descifrar. Fuentes de canas
verdes, blancas o de cualquier otro color. Catalizadores
que aceleran nuestra incipiente calvicie. Agentes coadyuvantes
para transformar esa discreta colitis nerviosa en úlcera
galopante. Pequeños bandoleros que nos escamotean el
sueño tranquilo y reparador.
............Pues bien: no es extraño que cuando
surge de entre nuestras huestes alguno de estos escolares
fuera de serie, la tentación inmediata sea la de llevar
las cosas hasta el límite, en busca de una solución
final. En alguna de esas noches de insomnio, que son
capaces de regalarnos, damos vueltas y vueltas al problema
inventando mil soluciones posibles.
......A veces optamos por la presión,
la marca personal, cuando se trata de niños y niñas
inquietos, indisciplinados, groseros o bravucones. Cada
vez que hay preguntas... la primera es para nuestra
“estrellita marinera”. En los exámenes nos volvemos
particularmente quisquillosos. Pobre de ella o él, si
es sorprendido conversando o pasando papelitos durante
la clase. Llamado a los padres y presentándoles al crío
o a la cría, cual si fuese uno de los jinetes del Apocalipsis
o por lo menos una de las plagas que arrastraban tras
de sí.
Pues esos niños con frecuencia son discapacitados invisibles. N0 es contra ti
la conducta, simplemente no la pueden evitar. Su lóbulo
frontal no funciona como el de los demás niños.
A mayor reto, mayor desafío, vienen ya tan enojados de saber que se meten en
problemas sin saberlo y de que los han convencido de
que son malos e ignoran el origen de su maldad pero
la actúan como si trajeran el papel aprendido y ensayado,
no podemos creer que ni siquiera lo desean.
No hay estructura cerebral que mantenga el final de la meta presente en lo que
se esta trabajando. Ni siquiera lo recuerdan!!! Y es en serio.
¿Pero nos engañan o porque si saben de algunas cosas que aún distraídos responden?,
porque a veces, cuando hemos logrado entrar e lo profundo
de su mirada, creemos que necesitan mas atención, aunque
la reclaman toda.
Aquí es donde tenemos que probar la vocación, son Niños con TDAH
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad. No lo olvides. Son también
con frecuencia aquellos que veras en la televisión cuando
sean grandes habiendo logrado cosas maravillosas porque
estuviste en su vida y pudiste ayudar.
No olvides tampoco prepararte al respecto.
Adriana Pérez de Legaspi
[REGRESAR]
|