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PROBLEMAS
DE CONDUCTA EN EL NIÑO CON TDAH: ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN
EN EL AULA
Dra.
Isabel Orjales Villar
Facultad
de Psicología (UNED)
Los
estudios epidemiológicos revelan que el Trastorno por
Déficit de Atención con o sin
hiperactividad se presenta en un 3 hasta un 6%
de los niños en edad escolar por lo tanto, en
un aula de educación primaria o secundaria podemos
encontrar la razonable cifra de 1 o 2
niños con este trastorno. La sintomatología del TDAH implica
dos bloques sintomatológicos
básicos: el déficit de atención y la conducta
hiperactiva e impulsiva. La presencia de uno de
estos bloques de síntomas o de ambos al mismo tiempo da
lugar a los tres subtipos
reconocidos en el DSM-IV TR: el TDAH subtipo
“predominio déficit de atención”, el subtipo
“predominio
hiperactivo-impulsivo” y el subtipo combinado. A pesar
de la existencia de estos
tres grupos, no debemos olvidar que la hiperactividad,
la impulsividad y la falta de atención
como síntomas pueden manifestarse con una intensidad
que se sitúa en un continuo desde la
normalidad hasta alteraciones muy patológicas.
El Trastorno por Déficit de Atención (TDAH)
sólo se reconocería como tal cuando los síntomas superan
lo esperado para la edad
cronológica del niño, su nivel madurativo y
la educación recibida; cuando tienen un carácter
crónico (algunos de los síntomas se presentan
antes de los 7 años); se manifiestan en más de
un entorno y crean serias dificultades en su adaptación,
familiar, social, escolar o laboral.
El
diagnostico de TDAH exigen una evaluación multidisciplinar
con exhaustivo diagnóstico
diferencial que permita descartar que la sintomatología
presente en el niño, aún cuando resulte
desadaptativa, pueda explicarse mejor
por la presencia de un trastorno del desarrollo,
trastornos del estado de ánimo u otras patologías.
Por
lo tanto en el aula podemos encontrar varios tipos de
niños y niñas que presentan TDAH
en estado “puro” o conjuntamente con otros cuadros
diagnósticos. Entre los primeros
podríamos distinguir niños muy diferentes:
1.
Niños o niñas que manifiestan una conducta predominantemente
inatenta (Trastorno
subtipo “predominio déficit de atención”).
Estos niños sólo presenta déficit de atención y
dificultades de organización. En este grupo
podríamos observar niños con perfiles
comportamentales diferentes:
a.
Aquellos que muestran déficit de atención pero que nunca
han mostrado
hiperactividad ni impulsividad. Es más, niños
que se caracterizan por su
lentitud e hipoactividad.
b.
Aquellos que muestran déficit de atención significativo
y rasgos de
hiperactividad e impulsividad leves bien porque
nunca hayan presentado éstos
síntomas de forma acusada o bien porque
esta sintomatología ha remitido con
la maduración como suele suceder en muchos adolescentes.
2.
Niños o niñas que manifiestan una conducta predominantemente
hiperactiva e
impulsiva (Trastorno subtipio
“hiperactivo-impulsivo”). También en este grupo
podríamos distinguir:
a.
Niños que nunca han mostrado déficit de atención.
b.
Niños que pudiendo tener déficit de atención, pasan
desapercibidos porque
compensan las dificultades que podría acarrear
su déficit de atención con una
capacidad intelectual.
c.
Niños que se encuentran en los primeros cursos escolares
y su déficit de
atención no resulta significativo para la
exigencia escolar del momento como
sucede con frecuencia en Educación infantil o primer ciclo
de primaria.
d.
Niños que realizan un gran esfuerzo para adaptarse al
entorno, temen el
fracaso pero luchan para no defraudar a
los que le rodean.
3.
Niños que manifiestan los dos grupos de síntomas (Trastorno
del subtipo combinado):
déficit de atención e hiperactividad e
impulsividad.
Una
de las dificultades del TDAH es que con una frecuencia
muy elevada se presenta
comórbido con otros trastornos. Por
lo tanto es fácil que algunos de los niños anteriores
presenten además el siguiente perfil:
Niños con TDAH y Trastorno
Negativista Desafiante (niños
con conducta claramente
oposicionista).
Niños con TDAH y conductas
agresivas entre los que podríamos diferenciar: a)
aquellos que manifiestan una conducta agresiva
proactiva (planificada, deliberada
y
dirigida a obtener un beneficio) y (b) niños
con agresividad reactiva (conductas
agresivas defensivas, de carácter más impulsivo
que se producen como una respuesta
desmedida a lo que el niño interpreta como
una provocación o un ataque). Los niños
con TDAH presentan más frecuentemente éste último tipo.
Niños con TDAH y otros diagnósticos
asociados como Dificultades de Aprendizaje
(Trastorno
del cálculo, Trastorno de la Escritura, Trastorno de
la Lectura) y/o Trastorno
de la Coordinación.
Niños con TDAH que presentan
Trastornos del estado de ánimo (depresión y/o
ansiedad).
Para
el abordaje del control comportamental
de estos niños en el aula debemos tener en
cuenta, en el grado de desaptación que presenta un niño influye por un lado: la gravedad
del la
disfunción neurológica de fondo, la comorbilidad
con otros trastornos y el grado en el que la
educación recibida pueda influir en la moderación
de los síntomas (la acción del colegio como
del entorno familiar). Por este motivo, el TDAH es uno
de los trastornos más sensibles a la
acción educativa del entorno.
En
esta comunicación enfocaremos el problema del control
de la conducta en el aula.
¿Cómo puede enfrentarse el profesor del aula a su grupo de
clase cuando existen problemas
de conducta por TDAH?
En
primero lugar, el profesor debe, observar y tratar de
definir qué perfil comportamental
tienen
sus alumnos, independientemente de que éste alcance
niveles patológicos o haya sido
diagnosticado. Básicamente existen las siguientes
situaciones disruptivas:
1.
Niños que manifiestan falta de atención, no siguen las
explicaciones, se pierden en la
lectura, olvidan los libros, no apuntan
los deberes, pierden el material, etc. Es decir, niños
con
un importante problema de organización que repercute
en su rendimiento académico.
2.
Niños que manifiestan, además de dificultades de atención,
dificultades de aprendizaje
específico que requieren tratamiento específico
o que presentan un importante retraso por falta
de base académica acumulada en cursos anteriores.
3.
Niños que manifiestan una gran hiperactividad e impulsividad
pero sin actitud oposicionista.
Estos
niños necesitan moverse constantemente, parecen no escuchar
pero en realidad siguen
la clase.
4.
Niños además de hiperactividad, impulsividad y déficit
de atención pero sin conducta
oposicionista. Estos niños se meten en problemas
por su falta de atención, parecen olvidar las
normas aunque no desobedecen de forma deliberada, responden
impulsivamente y no prevén
las consecuencias de su comportamiento. Su conducta
no es oposicionista.
5.
Niños que teniendo o no las características anteriores
poseen una actitud oposicionista y
desafiante ante los adultos. Niños que se
preocupan más por llamar la atención de los adultos
de forma negativa y que tienen serias dificultades
para aceptar las normas.
6.
Niños que teniendo algunas de las características anteriores
muestran una actitud
emocionalmente afectada, tendencia al desánimo
o a la ansiedad y que se muestran
bloqueados o que se esfuerzan desmesuradamente
por adaptarse a las demandas del entorno.
Una
vez perfilados los grupos de niños, pasamos a definir
las áreas sobre las que debemos
actuar:
1.
El rendimiento: no termina las tareas, dificultades
de organización, falta de base sin
dificultades específicas de aprendizaje o con
dificultades de aprendizaje específicas.
2.
La conducta: exagerada hiperactividad motriz, conducta
impulsiva, conducta
oposicionista, conducta agresiva.
3.
El estado emocional: dependencia emocional (necesidad
de tener al profesor cerca
como punto de referencia, llamadas de atención constantes,
etc.), sentimientos de
desesperanza, baja tolerancia al esfuerzo y
baja tolerancia a la frustración, baja
autoestima, etc.
4.
Las relaciones sociales: conducta aislada (juego en
solitario), agresividad reactiva,
agresividad preactiva, mal perder, deseo de
control sobre los demás, falta de
estrategias de relación social, dificultades
en ponerse en el lugar del otro, etc.
Las
primeras medidas las dirigiremos a realizar adaptaciones
ambientales y metodológicas
aplicables a todo el grupo.
Una vez estudiadas las posibilidades
del grupo, el profesor ahorrará mucha energía y
trabajo si diseña sus clases adaptándose
al ritmo de los niños con más dificultades. No
se trata de reducir el nivel de exigencia sino de modificar
las condiciones en las que se
desarrolla la clase. Tareas que por lo general
están diseñadas para que los niños los
realicen durante 1 hora pueden cambiarse
por 4 tareas de un cuarto de hora.
Situar los pupitres de modo
que se reduzca la dispersión.
Explicar en voz alta, paseando
por la clase y con apoyos visuales y auditivos
novedosos.
Aumentar la participación
de los niños, mantener la clase alerta con preguntas.
Elegir un delegado de los
deberes que se encargue, junto uno de los niños que
tienen
dificultades de organización (rotando cada vez),
de anotar en la puerta de la clase,
fechas importantes, entrega de trabajos y deberes.
Utilizar la repetición breve
varias veces al día para favorecer la memorización.
Utilizar puntos para conseguir
premios colectivos por conductas que deben ser
entrenadas en todos los niños: subir y bajar
de forma ordenada, levantar la mano para
hablar y respetar el turno de palabra, cambiarse a tiempo
en gimnasia, etc.
Discutir y revisar las normas
de comportamiento para el aula.
Determinar un modo de realizar
time-out para las situaciones que sean necesarias.
Entrenar a los niños para
que aprendan a explicar a otros niños la realización
de
pequeñas tareas (entrenamiento de co-terapeutas),
etc.
Utilizar las tutorías para
canalizar la solución de problemas específicos.
Utilizar mecanismos de autorrefuerzo
en grupo.
Apoyar visualmente las explicaciones
con las autoinstrucciones.
La posibilidad de que los
niños que lo deseen puedan recuperar durante la evaluación
los exámenes suspensos (el niño con TDAH tiene un rendimiento
muy irregular, en
parte por su propio trastorno y en parte por la desmoralización
que le producen los
malos resultados. Su rendimiento aunque mejore a lo largo
de la evaluación, suele no
reflejarse en los resultados finales al realizar
el profesor la media entre las notas de los
exámenes realizados.
Etc.
Tras
15 días de aplicación de las nuevas medidas de prevención
diseñar medidas
específicas para los niños que, a pesar de
todo, todavía presentan problemas específicos. En
el caso de los niños con TDAH, muchos de ellos pueden
necesitar apoyo farmacológico para
reducir el impacto de la sintomatología
de este cuadro. El Rubifén
es el medicamento más
frecuente en este momento en nuestro país
y se ha demostrado que mejora sensiblemente la
capacidad de concentración, reduce la impulsividad
y la hiperactividad motriz. Su efecto
comienza a la media hora de la ingestión
y tiene una duración de unas 4-6 horas. Los
profesores pueden colaborar:
Encargándose de la supervisión
, de forma discreta, de la medicación especialmente
en aquellos casos de niños que deben tomar una dosis
a mediodía. No están obligados
a hacerlo pero sin su ayuda sería muy difícil que, sin su
ayuda, el niño pueda recibir el
tratamiento si no va a comer a casa. El profesor
puede pedir a los padres una carta del
neurólogo informándole del tipo de medicación,
la dosificación y la hora de hacerlo.
Colaborar con los padres
realizando registros de la conducta del niño en clase
durante
la fase de adaptación a la medicación y del cálculo
de la dosis. El efecto de la
medicación no es observado por los padres
en casa puesto que para ese momento
suele habérsele pasado el efecto. Anotar durante 3 días
sobre el horario de clase la
valoración de 0-10 de conductas como “falta
de atención “, “hiperactividad” y “calidad
del trabajo” puede suponer una información cuantificable
y objetiva que ayudará al
neurólogo a prescribir la dosis adecuada.
Desde
el punto de vista comportamental:
1.
Adelantarse a las llamadas de atención, prestando pequeños
momentos de atención a
los niños con peor comportamiento: recibirlos con agrado,
llamarlos a menudo a la
mesa del profesor, pasear por la clase y pararse a observar
su trabajo, guiñar un ojo
cuando levante la vista del trabajo realizado.
2.
Permitir el movimiento mientras no resulte disruptivo
para los demás niños, enviar a
recados con frecuencia tras una actitud
correcta, fragmentar las tareas y supervisarlas
por partes, etc.
3.
Tomar medidas disciplinarias y hablar en privado con
aquellos niños que presentan
conductas oposicionistas.
4.
Determinar la posibilidad de que sean evaluados emocionalmente
aquellos niños que
presentan irritabilidad, problemas de conducta,
agresividad, baja autoestima y
sentimientos de desesperanza por posible sintomatología
depresiva además de la
sintomatología de TDAH.
Desde
el punto de vista de los aprendizajes:
1.
Para aquellos niños que muestran falta de base, que
se puede subsanar con
adaptaciones en el ritmo escolar: permitir que
puedan trabajar en algo específico
mientras los niños realizan otras tareas,
quedarse 10 minutos antes del recreo o pedir
al niño que acuda 10 minutos antes de empezar la clase
para repasar o explicar algo
especifico, utilizar un co-terapeuta
para que le enseñe, limitar los deberes para casa y
permitir que la madre dedique tiempo con
él a trabajar algún área retrasada, etc.
2.
Para aquellos niños con déficits
específicos: (a) solicitar ayuda especializada dentro
o
fuera del colegio; (b) si la ayuda se produce fuera del
colegio, favorecer que se pueda
realizar en el momento más propicio para
el niño (algunos niños pueden faltar algún día
por la tarde, o perderse alguna hora que no sea fundamental
para él con el fin de no
sobrecargar al niño , etc);
(c) mantener el contacto con el especialista y realizar
las
adaptaciones oportunas en la exigencia en el
colegio (por ejemplo, permitir no copiar
los enunciados de los problemas de matemáticas en niños
con disgrafía o permitir el
uso de las tablas de multiplicar al realizar las operaciones
mientras en casa se le
entrena en memorizarlas)
3.
Para niños que tienen “fobia” a enfrentarse a las tareas
escolares y que lo demuestran
con aparente pasotismo y aceptando el papel de “vagos”,
para aquellos cuya falta de
atención aumenta de forma exagerada en determinado
tipo de tareas, para los que
muestran gran ansiedad y tensión o aquellos
que manifiestan claramente su
desesperanza e inseguridad. En estos casos el
profesor debe emprender con paciencia
la ardua labor de enfrentar al niño a las tareas escolares
impidiendo que se dispare su
ansiedad o que tire la toalla. Para ello
se pueden utilizar tareas en progresión de
dificultad creciente, dividir las tareas en
partes y supervisar y felicitar por la realización
de cada parte, al evaluar el trabajo realizado resaltar
siempre un par de cosas
positivas, etc.
Desde
el punto de vista emocional:
Ayudando al niño a hacer
una valoración más objetiva de sus errores sin hacerle
sentir
infravalorado y culpable.
Evitando evaluar siempre
negativamente al niño.
Proyectando expectativas
de éxito futuro.
Utilizando métodos que permitan
que él visualice sus avances (permitir que compara
un dictado correcto actual con otro igual del pasado
pero incorrecto, utilizando registros
de mejora, etc.)
Desde
el punto de vista social:
Ayudando al niño a controlar
su conducta situando su asiento más próximo a él.
Evitando que los niños perciban
su agresividad o su conducta impulsiva como
intencionada.
Evitando el etiquetaje moral
(“es malo”) y ayudando a los niños a interpretar
correctamente la situación (“tiene genio” “no
piensa lo que dice”).
Evitando situaciones en
las que el niño no pueda controlar su conducta y que
acaben
en una mala experiencia con los compañeros (por ejemplo,
situarlo a trabajar toda la
mañana en grupo cuando se mueve y da patadas que resultan
molestas)
Favoreciendo que los demás
niños aprendan a darle oportunidades para jugar e
ignorándole cuando se porte mal.
Apoyando a los padres con
información sobre qué niños parecen relacionarse con
él
para fomentar su encuentro fuera del aula.
Ofreciéndole de vez en cuando
algún cargo de responsabilidad, organizando
actividades como “ el protagonista de la semana”.
La
sintomatología central del TDAH (déficit de atención
e hiperactividad-impulsividad) dificulta
la relación del niño con el entorno, su desarrollo
personal y académico. En la medida en que
padres, profesores y profesionales nos unamos en una lucha
común, podemos moderar su
efecto desadaptativo y la aparición
de efectos secundarios nocivos como trastornos
emocionales, fracaso escolar, rechazo social,
etc.
Bibliografía:
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de Atención con o sin Hiperactividad. Estrategias en
el aula. Paidós.
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Miranda,
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con Hiperactividad. Manual para padres y educadores.
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Orjales, I (2000). Programa
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Orjales, I. y Polaino-Lorente, A. (2001), Programas de Intervención Cognitivo-conductual
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Polaino, A.; Avila, C.; Cabanyes, J.; García
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Rief, S. (1999). Cómo tratar y enseñar al niño con problemas
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Técnicas,
estrategias e intervenciones para el tratamiento del niños con TDA/TDAH. Paidós.
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