Envían iniciativa para proteger a hiperactivos
Milenio Diario Página 12 México
2005-01-04
Blanca Valadez

La Asociación Mexicana de Déficit de Atención (AMDA) enviará en breve a la comisión de Educación del Senado de la República una iniciativa de reforma al artículo 41 de la Ley General de Educación para que se garantice que ningún niño con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad sea expulsado u objeto de discriminación en las instituciones educativas.

"Los alumnos con déficit de atención, con o sin hiperactividad, por lo regular son maltratados, castigados, etiquetados, discriminados y muchas veces expulsados de las escuelas por su bajo rendimiento escolar o por las conductas propias de este trastorno que nada tiene que ver con actos intencionados", explica Adriana Legaspi, presidenta de la AMDA.

Sin embargo, se han dado casos de escuelas públicas y privadas que han llegado al extremo de expulsar y de boletinar a los niños para que éstos no sean admitidos en otros planteles.

Si bien el artículo 41 propiciará la integración de estudiantes con discapacidad a los planteles de educación básica regular, mediante la aplicación de métodos, técnicas y materiales específicos, no contempla ni tampoco protege a los niños con problemas de atención o de hiperactividad.

Por lo mismo, los menores que padecen este tipo de trastorno están expuesto a una serie de prácticas que violan sus derechos humanos: "A muchos los separan del resto de los alumnos durante horarios de clases, además les ponen adjetivos denigrantes y los castigan por su comportamiento".

En México, de acuerdo con la Secretaría de Salud, el 7 por ciento de la población, es decir, alrededor de millón y medio, padecen de este trastorno. "En cada aula hay, por lo menos, un niño con déficit de atención y con déficit de atención de atención con hiperactividad, pequeños que sufren porque no pueden comunicarse con sus compañeros y que todo el día están ansiosos"

Pero lo alarmante, como refiere Adriana Legaspi, es que la falta de atención adecuada ha propiciado que niños y jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 6 a 14 años de edad, tomen la decisión de suicidarse porque no soportan el rechazo de sus compañeros, de sus vecinos y, por lo tanto, de sus familiares.

Llamadas de auxilio

Adriana Legaspi ha aprendido a respirar profundo y atender con calma las llamadas de auxilio que recibe, a diario, de madres angustiadas porque sus hijos se metieron a la lavadora, se aventaron del segundo piso, suelen voltear los platos de la comida en la mesa, hablan sin parar o ponen de cabeza la casa.

"Hemos recibidos casos lamentables donde los infantes con Déficit de Atención con Hiperactividad se lastiman constantemente porque no miden el peligro: corren por las calles mientras hay carros en movimiento", explica Legaspi.

Pero la situación se torna aún más delicada cuando los niños acuden a la escuela y tienen enfrentamientos con sus compañeros. Marcos, por ejemplo, no puede evitar reaccionar con violencia cuando alguno de sus compañeros se tropieza con él.

Lisa en la escuela era tranquila, pero su problema es que a menudo parecía estar distraída y, por más que lo intentaba, jamás conseguía completar la tarea, terminar los ejercicios de español o matemáticas, escuchar a la profesora. Sus calificaciones, por lo tanto, siempre eran bajas.

Sus padres la castigaban y regañaban, no la bajaban de floja. Una maestra se dio cuenta de la desesperación de la niña, les sugirió a sus padres que la llevaran con un especialista, quien después de varios análisis, le detectó déficit de atención.

"Muchos niños no son diagnosticados a tiempo, y los que si cuentan con un estudio certero enfrentan la dificultad de que sus padres no quieren proporcionarle medicamentos bajo la absurda excusa que causan adicción".

Características

La psiquiatra Elizabeth Brunner explica que el trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad es una enfermedad hereditaria en el 80 por ciento de los casos.

En casi todos los casos el infante requiere ser atendido con tratamientos combinados: terapia farmacológica y psicoeducativa. La primera le permitirá mantener la concentración y la segundo le ayudará a elevar su baja autoestima ocasionada por el rechazo.

Desde hace 80 años el problema del déficit de atención se ha tratado con estimulantes, que si bien pueden considerarse una opción, también han desarrollado efectos secundarios en algunos pacientes y en otros más han empeorado sus síntomas de depresión, de ansiedad y de tics.


 

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