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Visión
Ex -A-Tec: Rumbos diferentes…
un mismo compromiso
Aída Ojeda Solís (LCC’96, MMT’02)
Sea en el sector privado, en el gobierno
o en organizaciones no gubernamentales, los egresados
del Tecnológico de Monterrey
tienen una misma meta:
el desarrollo del país.
Uno de ellos nació en Ensenada, Baja California, y fundó, junto con inversionistas
que creyeron en él, una de las vinícolas mexicanas más
reconocidas a nivel internacional. Otro es originario
de Puebla y, a sus 24 años, ha creado cuatro empresas
y recibido varios reconocimientos por su afán emprendedor.
Uno más impulsa la educación y erradicación de la pobreza de varios municipios
en Chiapas; otra ha fundado y dirige una asociación
civil que busca ayudar a familias con hijos que tienen
hiperactividad y déficit de atención...
La lista no termina. Sea en el sector privado, público o en organizaciones
no gubernamentales, los egresados del Tecnológico de
Monterrey tienen una responsabilidad importante con
el desarrollo económico y social del país, y en su proyección
al exterior. Aunque con diferentes intereses, comparten
una formación profesional de alto nivel de exigencia,
y han desarrollado habilidades para desempeñarse en
cualquier ámbito y latitud. Sobre todo, están plenamente
conscientes de que deben apoyar, con su trabajo, a su
región.
Después de las aulas, cada uno ha tomado rumbos diferentes,
pero todos ellos están encaminados hacia una misma meta:
el desarrollo de México. Así es como miden el éxito
los Ex-A-Tec.
Querer es poder
El trabajo de los egresados del Tecnológico de Monterrey ha rendido frutos
en diferentes latitudes. Sirvan un par de ejemplos:
el de un Ex-A-Tec de Ensenada,
Baja California, y el de otro de Puebla, Puebla.
Después de graduarse como Ingeniero Bioquímico y de trabajar en una empacadora
de alimentos, Hans Backhoff Escudero (IB’71) estudió un doctorado en Ciencias
de los Alimentos, en Inglaterra. Después de 5 años,
regresó a México. “Impartí clases en el Campus
Guaymas. Luego dirigí un grupo de empresas enlatadoras de alimentos e ingresé a la empresa Tropicana, de producción de jugos de frutas”.
Pero la fruta que tiempo atrás ya apasionaba a Backhoff era la uva. Tenía la certeza de que en el área
de Valle de Guadalupe, en Ensenada, de donde es originario,
se podían producir vinos de calidad mundial.
“Hace 15 años producía vino en pequeña escala, hasta que conocí a un grupo
de personas que apoyaron mi plan de negocio para concretar,
juntos, la creación de Monte Xanic”, abunda.
Con una filosofía basada en la combinación de tecnología de punta y en métodos
tradicionales, los vinos de Monte Xanic han ganado, en varias ocasiones, competencias
en Francia y Estados Unidos.
“No todas las técnicas que se usan en el mundo para producir vino funcionan
en todos los lados. Nosotros experimentamos mucho, pero
seguimos cosechando uvas blancas a mano durante la noche,
para disminuir el riesgo de oxidación de la fruta, y
mantenemos baja la producción de vino, para concentrarnos
más en la calidad”.
Los 450 mil litros anuales producidos por Monte Xanic, vendidos en México y exportados a Francia,
Alemania y Canadá, han puesto en alto el nombre de la
empresa mexicana y de este enólogo
Ex-A-Tec.
Lo mismo ha pasado con Javier de Lope Francés (IIS’02), quien a sus 24 años
de edad ha fundado y dirigido cuatro empresas, obtenido
16 reconocimientos nacionales e internacionales, y publicado
el libro Para
los negocios no hay edad, actualmente en
su tercera edición.
Javier dice que la clave para emprender un negocio es no tener miedo al fracaso.
De coleccionar y vender prendedores del Hard Rock Café
a los 16 años, Javier instaló un centro de verificación
vehicular en su natal Puebla. Con los ingresos que obtuvo,
creó la comercializadora Lofran
(acrónimo de sus apellidos), en la que personas con
capacidades diferentes elaboraban retratos con fibras
naturales. La artesanía se vendió como “pan caliente”
en 11 países, incluidos Estados Unidos, Canadá, Italia,
Malasia, España y Singapur.
Primera persona de habla hispana en ganar el premio al Emprendedor estudiantil
en Norteamérica 2000, que otorga el Jefferson Smurfit Center
for Entrepreneurial Studies de la
Universidad de Saint Louis, Javier dirige
ahora Publicidad Estudiantil, negocio enfocado a crear
panorámicos, agendas y directorios de servicios de descuento,
dirigidos a estudiantes de universidades de Puebla,
Guadalajara, Guanajuato y Monterrey, principalmente.
Con miras a extender los servicios promocionales de su empresa a 16 ciudades
del país, este joven reconoce que si no hubiera estudiado
en el Tecnológico de Monterrey, no habría hecho ni el
5 por ciento de lo que ha conseguido hasta ahora. “Los
grupos estudiantiles, el programa Emprendedor, las misiones
comerciales en Asia y Sudamérica y los programas de
intercambio internacional te permiten establecer tantas
relaciones con compañeros y empresarios que, al graduarte,
tienes todo para alcanzar el éxito”, apunta.
Con ese ritmo de vida y sus metas trazadas, piensa retirarse a los 40 años,
para dedicarse por completo a su futura familia.
Con ese espíritu de lucha, tanto Hans Backhoff
Escudero como Javier de Lope Francés dan muestra de
que querer
es poder.
Así lo confirman sus historias de empresas y reconocimientos.
Comparten una causa social
¿Qué tienen en común un funcionario del Gobierno Federal en Chiapas, la fundadora
de una asociación civil, un investigador y una recién
egresada?... Mucho, si se les mira con detenimiento:
compromiso social.
Egresados, los cuatro, del Tecnológico de Monterrey, comparten la responsabilidad
de trabajar en favor de su región, desde sus áreas de
influencia.
Luis Manuel García Moreno (LAE’87) es delegado federal de la Secretaría de
Desarrollo Social en Chiapas, y coordina la ejecución
de políticas sociales para abatir la pobreza en comunidades
marginadas. En su opinión, sus acciones son de corresponsabilidad
con el gobierno del estado, los ayuntamientos y la sociedad
civil.
Derivado de este trabajo conjunto, en las cabeceras municipales de El Porvenir,
Bellavista, Siltepec, Bejucal de Ocampo y La Grandeza, en Chiapas, se
coordina la remodelación de escuelas y clínicas,
el mantenimiento de caminos y puentes, y la instalación
de servicios de telefonía rural e Internet, para que
las 16 mil personas que habitan en esa zona tengan oportunidades
de desarrollo.
En coordinación con el Tecnológico de Monterrey, Luis Manuel García verifica
que los 23 Centros Comunitarios de Aprendizaje (CCA),
ubicados en la selva y la sierra de Chiapas, estén conectados
al satélite y brinden sus servicios educativos a la
población. “Nuestra meta es instalar 359 centros y mejorar
aún más los contenidos temáticos, para que la información
de los cursos cubra las necesidades de las comunidades”.
En Chiapas, más del 20 por ciento de la población adulta
no sabe leer ni escribir, por lo que se requiere de
un programa fuerte en alfabetización, dice el delegado
quien, a través del programa Oportunidades de la Sedesol, ha logrado mantener la asistencia a la escuela
de casi 500 mil niños y jóvenes chiapanecos.
Luis Manuel pone énfasis en el potencial que tiene la agricultura orgánica
en el estado. “Queremos ser competitivos en café y hortalizas
orgánicas. Buscamos abrir mercado en Asia y que la ganancia
llegue directamente a los productores, a través de un
solo canal de comercialización”, planea.
Con 39 años y dos hijas, de 4 años y 3 meses de edad, Luis Manuel García dice
que su meta es generar condiciones para que el Chiapas
en donde crezcan sus hijas brinde mejor calidad de vida
para todos.
De la misma opinión es Adriana Pérez González (LCC’79), fundadora y directora
de la Asociación Mexicana por el Déficit de Atención,
Hiperactividad y Trastornos Asociados (TDAH).
Madre de Eugenio, quien padece del TDAH, Adriana busca apoyar a los padres
de hijos con este trastorno y que, según cifras de la
Secretaría de Salud, suman en México un millón 500 mil
personas.
“Los niños que lo padecen generalmente son maltratados, castigados, etiquetados,
discriminados y muchas veces expulsados de las escuelas,
por su bajo rendimiento escolar o por las conductas
propias de este trastorno”, se lee en la carta abierta,
dirigida a la Comisión de Educación del Senado de la
República, que aparece en la página electrónica de la
Asociación: http://www.deficitdeatencion.org.
En ella se solicita garantizar que ningún niño sea expulsado o le sean negados
los servicios educativos en el ámbito escolar privado
o público por su condición de déficit de atención, hiperactividad
o una combinación de ambos. Pide, además, que se establezcan
normas para facilitar la detección de alumnos con este
trastorno o cualquier otro que impida su óptimo aprovechamiento
escolar, y que se instruya a los maestros en los cambios
curriculares necesarios para motivar a los niños con
TDAH en su aprendizaje.
En noviembre del año pasado, esta asociación que dirige Pérez González organizó
el I Congreso Internacional de TDAH, que reunió a 700
personas, entre médicos, padres de familia, educadores
y especialistas de México y Estados Unidos. El Congreso
se realizó de manera gratuita gracias a un fondo de
600 mil pesos, otorgado por la Asociación Estadounidense
para la Educación Continua (NACE, por sus siglas es
inglés).
En México, 23 grupos de apoyo para padres, coordinados por la Asociación
Mexicana por el Déficit de Atención...,
se reúnen periódicamente para intercambiar experiencias
y aprender la mejor manera de manejar el trastorno de
sus familiares.
Con la confianza puesta en el trabajo voluntario de personas que traducen
artículos científicos y de divulgación para posteriormente
ser publicados en su página electrónica, Adriana Pérez
se esfuerza porque niños, como el suyo, tengan también
oportunidades de desarrollo.
Un objetivo similar persigue Sergio Román Othón
Serna Saldívar (IAZ’76),
investigador y director del Departamento de Tecnología
de Alimentos del Campus Monterrey, al producir, con alumnos de la carrera
de Ingeniero en Industrias Alimentarias,
10 toneladas mensuales del suplemento alimenticio denominado
NutreTec. Con este suplemento
se busca abatir la desnutrición de niños menores de
5 años, dentro del programa de formación social denominado
Pro Nutrición Tec. NutreTec es cinco veces más
barato que la leche en polvo, y con él se puede sacar
en dos meses a un niño de la desnutrición.
“Al entrar a las comunidades marginadas, vimos que regalar harina de maíz
y aceite por separado, para que las madres de familia
prepararan una papilla a sus niños, no funcionaba, porque
usaban los ingredientes para hacerle tortillas al marido”,
recuerda Sergio Serna.
Fue por eso que decidió hacer mejor un polvo que se disuelve en agua o en
leche, adicionado con calorías, proteínas, vitaminas
y minerales, que puede prepararse en licuado, atole
o gorditas de azúcar. NutreTec se distribuye a través de los estudiantes prestadores
de servicio social comunitario de 11 campus del Tecnológico de Monterrey. Los alumnos brindan
cursos de nutrición a los padres de familia y llevan
un registro de la talla y peso de los niños, a fin de
vigilar su progreso nutricional.
Otra egresada que trabaja para apoyar el desarrollo de las personas es Ivonne
Ampudia Terán (LSCA’03). Mientras
realizaba su servicio social en la Clínica de Autismo
y Alternaciones del Desarrollo (CLIMA), ella y otros
compañeros notaron que los programas computacionales,
empleados para enseñar a niños y jóvenes autistas, en
realidad estaban destinados a personas de edad preescolar
y sin este desorden, por lo que propusieron crear un
nuevo software, acorde con las necesidades del grupo.
Así, con el apoyo de los Centros de Apoyo al Desarrollo, el Centro de Investigación
en Telecomunicaciones y Tecnologías de Información del
Campus Ciudad de México, y
del director de CLIMA, Carlos Marcín,
los jóvenes estudiantes planearon y participaron en
la concreción del Sistema de Apoyo Pedagógico al Autismo
Infantil (SAPAUI).
“SAPAUI capta y retiene la atención de los autistas a través de módulos atractivos
de ejercicios multimedia, basados en la Teoría de la Mente. Además, a diferencia
de otros programas, no marca error si el usuario se equivoca. Ello resulta esencial
en este caso, dado que las personas con autismo son
extremadamente sensibles al fracaso”, explica Ivonne.
Actualmente, Ivonne Ampudia sigue en contacto con
el grupo de autistas y sus terapeutas. Asiste regularmente
a la clínica y a los eventos que son organizados para
recaudar fondos y difundir investigación sobre el autismo.
“No es necesario aportar millones de pesos ni donar
una fortuna en equipo o medicinas para impactar positivamente
a la educación especial”. Y añade: “Aquellos que estudiamos
una carrera en el área tecnológica tenemos el compromiso
de ponerla al servicio de quienes lo necesitan”.
Como Ivonne, los egresados del Tecnológico de Monterrey tienen un fuerte compromiso
social, y aplican sus conocimientos y su preparación
profesional para realizar acciones concretas en favor
de grupos o comunidades enteras.
Provenientes de diferentes disciplinas, Ex -A-Tec tienen trazada una misma meta. Ya sea que trabajen en
empresas, gobierno, universidades u asociaciones, los
egresados miden su éxito con base en cuánto aporta su
trabajo al desarrollo de su país.
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