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Manejo de la ira en niños pequeños: Una guía para los
padres
Por
Beth
M. Levy
Antecedentes
La ira es una emoción
natural experimentada por todas las criaturas vivientes.
Los animales y los humanos reaccionan y despliegan
comportamientos cuando están enojados, y aunque los seres
humanos podemos utilizar las palabras para comunicar los
sentimientos, necesidades y deseos, también nos
comunicamos a través de comportamientos. Algunos de estas
respuestas y sentimientos de enojo son innatos; sin
embargo, los adultos pueden enseñarle
a los niños cómo responder a las emociones. Los niños
aprenden cómo reaccionar y manejar diferentes emociones y
sentimientos, observando a los padres, a los amigos, y a
los maestros que los rodean. La ira puede ser una buena
emoción porque nos avisa que algo no es correcto o que
estamos en peligro. Aprendiendo cómo y cuando responder a
los diferentes sentimientos de enojo es la lección que
tenemos que enseñarle a nuestros hijos. La mejor manera de
manejar su ira, es mediante el modelo de comportamientos
apropiados, y esto es especialmente importante en los
niños pequeños, que aprenden cómo asociar nuevas palabras
con sus sentimientos.
Desarrollo
Típicamente, los
niños dirigen sus comportamientos agresivos hacia otros
niños con mayor frecuencia que hacia los adultos. Los
niños manifiestan su enojo
inapropiadamente porque ellos no tienen estrategias
para enfrentarlo. Los niños no entienden cómo las
situaciones o acciones pueden evocar sentimientos de enojo.
Algo dispara una reacción en el niño y él no sabe cómo
responder. Los niños pequeños aún no son hábiles
intelectualmente para etiquetar correctamente emociones y
responder de forma socialmente deseada. Ellos son físicos
(empujan, patean, muerden, gritan) porque su lenguaje aún
no está totalmente desarrollado y reaccionan con
respuestas innatas.
Conforme el niño va
creciendo, es importante que los padres entiendan los
comportamientos típicos asociados con cada etapa de
desarrollo (edad). Aunque estas etapas no empaten con cada
niño perfectamente, ya que no toman en cuenta el
temperamento individual de cada niño o los factores
ambientales, pueden darte una guía importante.
El niño de dos años:
Los niños
de dos años tienen dificultad para tomar decisiones. Ellos
quieren saber el por qué de todo. Todo el tiempo se la
pasa preguntando. Durante esta etapa de desarrollo, el
niño siendo individualista. No comparte. Por los dos años
y medio, el niño comienza a manifestar emociones intensas
y a veces violentas. Ellos quieren todo, especialmente lo
que no pueden tener. Los niños en esta etapa expresan
sentimientos fuertes por aquello que desean y harán todo
lo que puedan hacer, todo lo necesario para lograr obtener
ese objeto deseado.
El niño de tres años:
El
niño al cumplir los tres años comienza a sentirse más
independiente y le resulta más fácil compartir con otros
niños. Al mismo tiempo, el niño de tres años con
frecuencia se siente asustado en situaciones nuevas y se
esfuerza por controlarse de nuevo. Su
asertividad se muestra en su lenguaje, dice cosas
como “Eres un estúpido” o “Te odio”.
El niño de cuatro años:
A los
cuatro años el niño hará cualquier cosa si es provocado.
Patea, escupe, e incluso corre para alejarse. Aunque ellos
necesitan límites, el niño de cuatro años disfruta
empujando los límites. La agresividad verbal se incrementa
con otros niños de la edad, incluso en ocasiones
poniéndoles apodos.
El niño a los cinco años:
Los niños
a los cinco años quieren ser “buenos” y preferirán
quedarse donde están cómodos que tratar de probar nuevas
cosas. Los niños a esta edad con frecuencia hacen rabietas
y berrinches y refunfuñan cuando se enojan.
El niño a los seis años:
Cuando
estás alrededor de un niño de seis años, nunca sabrás lo
que pasó porque rara vez te lo dirán. Los niños de seis
años se están esforzando por lograr su independencia y
manifiestan una intensa necesidad de ser los primeros y
los mejores. Esto les causa mucha ansiedad. Ellos quieren
tener la atención de todos. Se vuelven verbal y
físicamente agresivos y usan frases como “Házmelo” o “No,
no voy a hacer eso”. Mediante burlas e intimidaciones, el
niño de seis años puede ser muy ruidoso y mandón.
El niño de siete años:
Los niños
de siete años tienden a retirarse cuando las cosas se
vuelven difíciles y miran al interior de si mismos.
Comienzan a pensar acerca del mundo que los rodea. Las
inquietudes comienzan a convertirse en preocupaciones
mayores y muestran un incremento en su sentido de lo que
es justo y lo que es injusto.
El niño de ocho años:
Los niños
a los ocho años, son inquisitivos- están interesados en
todo lo que les rodea. Surgen fricciones y pleitos con los
hermanos porque los niños a esta edad continúan queriendo
la atención de la mamá y cuando sienten rivalidad con los
hermanos, la pelean. Es muy fácil herir los sentimientos
de un niño de esta edad.
El niño a los nueve años:
El niño a
los nueve años no quiere que sus padres le estén diciendo
lo que tiene que hacer. Ellos resienten estas
instrucciones y con frecuencia se rebelan. Estos niños con
frecuencia se pelean, se quejan, critican e ignoran a sus
padres.
¿Qué podemos hacer como padres?
Antes de que puedas
ayudar a tu hijo a enfrentar su ira, tienes que empezar
por explorar tus propios sentimientos con respecto al
enojo y la manera en que lo enfrentas. Los niños aprenden
observando a sus padres. Es importante que los padres
tengan cuidado si sus métodos para enfrentar la ira son
observados y luego imitados y aprendidos por sus hijos.
Además, entender el desarrollo típico de los
comportamientos de los niños ayuda a los padres a conocer
cuáles comportamientos no lo son, y que requieren
observación y alguna respuesta de su parte. Algunas de las
cosas que pueden hacer son:
Reforzamiento positivo:
Este es un
método para enseñar a los niños cuáles son los
comportamientos deseados porque los niños buscan la
atención. Enfocarse en los comportamientos buenos, en
lugar de enfocarse en los malos. Premiar a tu hijo con
frecuencia con algún reconocimiento pequeño o con atención
especial por cada período corto de tiempo que tu hijo se
comporta adecuadamente. Se requiere consistencia, porque
tu hijo necesita entender claramente lo que se espera de
él. Si necesitas asistencia para crear un plan de
comportamiento, puedes consultar con algún psicólogo
escolar.
Ayuda al niño a entender y expresar sus sentimientos:
Cuando las
voces y los berrinches comienzan a aumentar y aumentar,
dile al niño que esperarás hasta que utilice una voz
calmada. También puedes validar su enojo preguntándole qué
puedes hacer para ayudarlo, decirle algo así como: “Me doy
cuenta que estás muy enojado, ¿qué puedo hacer para
ayudarte? Los niños no siempre podrán expresar lo que
quieren, pero así les estamos enseñando que sus
sentimientos nos importan. También puedes enseñarles que
hay formas más aceptables para lograr lo que desean
obtener sin tener que enojarse.
Enséñale al niño habilidades de resolución de problemas:
El juego de roles puede ayudar a encontrar diferentes
soluciones y enseñar técnicas de solución de problemas
puede resultar benéfico para tu hijo porque puedes
demostrarle, de una forma positiva, que hay maneras no
violentas de resolver conflictos.
Hablar consigo mismo y relajarse.
En edad
escolar, se les puede enseñar a que desarrollen un diálogo
interno positivo, que les ayude a controlarse cuando están
enojados. Decir cosas como “Puedo manejar esto”
, “Estoy bien, me puedo calmar” , etc. Son formas
útiles de ayudar al niño a controlar su enojo en tiempos
en que especialmente necesite estar calmado. Puedes
enseñarle también técnicas de relajación, tales como
contar hasta 10 antes de actuar, o hacer respiraciones
profundas cuando se enfrente con situaciones que le
provoquen ira. Cuando le enseñes a tu hijo nuevas técnicas,
enfócate a su etapa de desarrollo apropiadamente.
Los padres
que utilizan un enfoque positiva y técnicas de modelo de
comportamiento son hábiles para ayudar al crecimiento
emocional de sus hijos, y también son hábiles para
enfrentar las situaciones difíciles a las que se enfrentan
cada día en la vida. Algunos niños manifiestan
inapropiadamente su enojo
porque aún no han aprendido maneras más efectivas para
manifestarlo. Hay otros niños que se pueden volver
violentos o pueden manifestar comportamientos peligrosos
para sí mismos y para los demás. Si observas un incremento
en el enojo de tu hijo, determina qué cambios
significativos han ocurrido que puedan haber provocado ese
cambio. Si tu hijo manifiesta violencia severa o
comportamientos peligrosos, es muy recomendable que
pidas ayuda adicional a algún psicólogo o pediatra.
Publicado
por The
Nacional Association of School
Psycologists (NASP),
traducción
voluntaria de Roxana Alanís
Villalón.
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