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El
trastorno por Déficit de Atención
En
México alrededor de 1.5 millones de niños viven con
este padecimiento, resultado de una alteración neuroquímica
que les impide concentrarse
Por
Ana Marín
Grupo Reforma
Cd de México, México (30 agosto 2003).-
A
los tres años, Eugenio subió a su bicicleta y se dejó
caer por una pendiente de 300 metros; el resultado fue
una varilla enterrada y una fractura expuesta de cráneo
de seis centímetros. Este fue sólo el primero del sinnúmero
de accidentes que ha sufrido a su corta edad.
Él
es uno de los alrededor de 1. 5 millones de niños que
en México sufren el Trastorno por Déficit de Atención
con Hiperactividad (TDAH), que se caracteriza por tres
síntomas: impulsividad, inatención e hiperactividad,
según Regina Ferrari, psicóloga educativa que padece
la enfermedad.
"Los
médicos lo ven como un caso clínico, pero se necesita
vivirlo para saber lo que es que no inviten a tu hijo
a una piñata porque se pelea con todos, o que lo corran
en tu primer 10 de mayo del colegio porque mordió a
un compañero", narra Adriana Pérez de Legaspi, quien
también tiene el trastorno y es madre de Eugenio.
El
padecimiento no es un problema psicológico o conductual,
advierte Ferrari, presidenta de la Sociedad Mexicana
de Déficit de Atención e Hiperactividad; hay una causa
física que es un trastorno neuroquímico; la química
del cerebro no trabaja adecuadamente.
Esto
significa que los regaños y castigos no ayudan en mucho.
La alteración fisiológica provoca una incapacidad en
el niño para poner atención o permanecer quieto; la
ignorancia es el peor enemigo de la detección y el tratamiento
del padecimiento, coinciden expertos.
Tanto
padres como maestros desconocen las causas y consecuencias
de la enfermedad, que en el 70 por ciento de los casos
es hereditaria, y eso los lleva a tachar a los pequeños
de flojos o traviesos. Jeffrey Newcorn, director de
la división de psiquiatría infantil y adolescente de
la escuela de medicina Mount Sinai, en Nueva York, explica
que existen diferentes subtipos del síndrome y que en
algunos niños sólo se manifiesta la inatención, en otros
la hiperactividad, pero en la mayoría hay una combinación
de ambos.
Entre
más leve es el trastorno, más difícil resulta su detección.
La psiquiatra Liz Brunner señala que los síntomas se
presentan antes de los siete años, pero el diagnóstico
suele hacer algunos años después. "En México no tenemos
infraestructura para detectarlo a tiempo", afirma. Pérez
de Legaspi, fundadora de la Asociación Mexicana por
el Déficit de Atención, Hiperactividad y Trastornos
Asociados, asegura que los padres de los afectados tienen
que soportar el rechazo social y familiar; se enfrentan
al conflicto de tener un niño inteligente, pero incapaz
de centrar su atención en la clase o de estar quieto,
lo que impide que tenga un buen rendimiento escolar.
Lo
peor es que la mayoría de ellos no saben que sus hijos
sufren el trastorno. "Después de 14 años de estarlo
persiguiendo todas las tardes, recriminándole que no
hizo la tarea, perdió la mochila, es distraído... lo
único que el niño aprende es que es un tonto, aunque
en realidad tenga una inteligencia igual o superior
al promedio", dice Pérez de Legaspi.
Diagnosticar
el trastorno no es fácil, explica Ferrari, los padres
y maestros deben estar atentos para detectar ciertas
conductas en el niño; después, es necesario hacer una
valoración psicopedagógica y otra neurológica para determinar
el tratamiento. Uno de los problemas, coinciden, es
que muchos maestros no están capacitados para detectar
un problema de ese tipo; ven a un niño inquieto que
les causa problemas y la solución suele ser la expulsión.
Cuando era niña, Ferrari tuvo esta experiencia en 13
ocasiones y Eugenio, a sus seis años, ya ha pasado por
cinco colegios.
"Muchas
veces las escuelas los reportan como sordos, porque
no entienden las instrucciones o se les olvidan", dice
la psicóloga.
Los mitos
Brunner señala que existe un miedo irracional hacia
las denominadas "enfermedades mentales", lo que impide
que quienes sufren el trastorno acudan con un especialista
y sean atendidos.
Las
alternativas para los niños con déficit de atención
incluyen terapias de conducta, fármacos o una combinación
de ambas. La elección dependerá de las características
de cada niño y el objetivo final es que desarrolle una
vida normal, asevera Newcorn.
Los fármacos para controlar el síndrome tienen muy mala
fama; alrededor del mundo hay grupos que se oponen a
su uso, aunque los entrevistados coinciden en que son
útiles y en algunos casos, necesarios. "Ojalá yo hubiera
tenido medicamentos", señala Ferrari.
Es
cierto que no todas las personas con el trastorno requieren
medicación, pero en casos muy severos, es la única forma
de que puedan estar en un salón de clases, señalan los
expertos. "Los fármacos son bastante seguros, ayudan
al niño a que sus periodos de atención sean más largos
y profundos", dice Ferrari, pero advierte que sólo un
neurólogo o psiquiatra infantil están facultados para
recetarlos.
A
partir del año 2000 se ha trabajado en nuevas fórmulas,
con mejores efectos y menos riesgos, que ya están disponibles
en el mercado, asegura Newcorn.
En
la escuela
"No entendía lo que nos decían los maestros, casi siempre
llevaba a la escuela una tarea que no tenía nada que
ver con la que mis compañeros hacían. En las clases
soñaba, me llegaban mil ideas.
Si
estábamos tratando el tema de los ríos, mentalmente
me ubicaba en alguna historia que me había pasado con
anterioridad y de repente cuando regresaba mis compañeros
ya estaban haciendo un ejercicio de matemáticas.
Me
preguntaba ¿a qué hora cambiaron de actividad?", recuerda
Ferrari. Un niño con déficit de atención tiene una discapacidad
invisible, señalan la especialista y Pérez de Legaspi,
pero esto no debería ser un factor que le impida tener
educación.
Tanto
padres como maestros, deben entender que el menor nunca
podrá tener el mismo nivel de atención que sus otros
compañeros, ni la misma capacidad para estar inactivo.
"Los maestros requieren más práctica, conocimientos,
investigación y guía que las ayude a saber lo que es
una niño con déficit de atención, que en ocasiones los
desesperan, los retan y ellos no lo toleran; los niños
con el trastorno sufren mucho, porque siendo inteligentes
se dan cuenta de sus deficiencias", indica Ferrari.
Brunner
agrega que los menores con el padecimiento suelen ser
señalados por su mal comportamiento y se ponen en evidencia
sus carencias, lo que afecta su autoestima.
Grandes
inatentos
Newcorn advierte que este trastorno puede durar toda
la vida; de hecho, la forma en que afecta a adolescentes
y adultos ha sido objeto de estudio en los últimos años.
Las
primeras manifestaciones se presentan en la infancia,
pero sólo el 60 por ciento de quienes lo tienen llegan
a controlarlo en la edad adulta, el resto seguirá manifestándolo,
dice Brunner.
Newcorn
explica que el desarrollo profesional de las personas
con el trastorno puede ser limitado, sobre todo si el
trabajo que elijan requiera labor de equipo. Pérez de
Legaspi agrega que esto no es una generalidad, entre
las figuras que sufrieron o viven con el trastorno se
cuentan el ex Primer Ministro de Inglaterra Winston
Churchill y el ex presidente de Estados Unidos Bill
Clinton.
"Si está bien manejado, sí puede tener grandes logros
y ocupar altos cargos sin problema", asegura Newcorn.
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